
No querer ver las cosas como son, es mentirse a uno mismo. Justamente eso es lo que hago; despierto y comienzo a pensar que vos me querés como yo te quiero a vos. Las horas del día pasan, los días pasan, las semanas pasan, y a su vez los meses. ¿Tan importante fuiste que no te puedo dejar de recordar? Sos como un fantasma; no te veo pero te siento. ¿Hasta cuando todo esto? ¿No te pensás ir un día de mi vida, de mi cabeza, de mi corazón? Te juro que te arrancaría, pero no puedo. Y no puedo porque sé perfectamente que te quiero como si fueses mi propia vida, y comprendo que te quiero de semejante manera porque ocasionaste eso en mí que se llama: amor.
Mi debilidad sos vos, y te lo comento por si no lo sabés. Me tenés ahí al lado tuyo, y como soy tan estúpida, ingenua y terca no me importa que te guste otra; yo me sigo imaginando los días junto con vos.
En fin, me miento día tras día, noche tras noche. Lo único que hago es caer en esa ingenuidad que tengo (por desgracia), entonces me digo lentamente: él te quiere, vas a estar algún día con él... Y así los pensamientos se van desvaneciendo a medida que me quedo recostada en mi cama. Por consecuencia sos en lo último que pienso cuando me voy a dormir. Claro, detesto que ocurra esto. Debería pensar en otras cosas antes de dormir y soñar con vos, porque al final lo único que sé hacer es imaginar historias con vos, y la cosa así no es.
Pero te juro - como dije antes - que te sacaría de mi corazón en este preciso instante pero no quiero, porque siento que si me saco eso poco que me queda de vos voy a perder todo. Y no quiero imaginarme la vida sin vos, no acepto perderte. Porque perderte a vos, es como un día sin amanecer, es sentir que nunca más voy a poder levantarme.
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