21 de julio de 2010

Felicidad Material.

Juguemos al mundo del revés; donde los buenos ganan y los malos pierden. Donde no hay corrupción ni desigualdad. Juguemos en aquel sitio en el que no hay racismo ni desamor.
Juguemos a ser quienes somos en verdad, y no en usar un careta para caer bien. Juguemos en ese mundo donde la gente es solidaria, donde todas las personas gozan de amor, paz y dignidad.
Pero... ¿sólo juguemos? ¿Querrá decir que ya nos acostumbramos a ver tanta pobreza, desigualdad e injusticias que lo tomamos como un juego? ¿Querrá decir que en el mundo donde vivimos (el actual, el real, el malo) ya nos llenó con sus benditas grietas de desamor? ¿Querrá decir que ya no hay tantas personas en el mundo que se preocupan por la paz? ¿Querrá decir que ya nada volverá a ser como antes, y el mundo seguirá teniendo guerras? ¿Querrá decir que en lo único que la gente se preocupa -hoy en día- es el dinero y el status en el cual están?
Pero yo me pregunto, ¿para qué sirve todo lo material? ¿Sirve para mostrar a los demás lo que lograste hacer? Tal vez. ¿Pero después qué? ¿Qué pasa si de un día para el otro no tenés más nada? Yo sé lo que pasa. Vas a sentir que se te cae el mundo, que querés pedir ayuda pero tu orgullo no te lo permite. Vas a pensar que no tenés nada -lo cual es verdad- porque toda tu vida te la pasaste fabricando estrategias para tener una vida mejor y nunca te preocupaste por el resto, ni por tu familia siquiera. Entonces, claro, no vas a tener nada. Ni un poquito de amor. Te volviste frío buscando esa cosa que se llama "felicidad material". Y de repente te lamentás, decís: qué idiota fui, y en ese momento sentís que tu mejilla se humedece, y pensás ¿qué esto? ¿lluvia? No, no es lluvia. Son lágrimas. Lágrimas que nunca habías sentido porque nunca te habías detenido a pensar en los sentimientos.

Entonces, ¿vos jugás o ves la realidad?





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